—Este es un buen punto de partida. Porque ustedes habrán notado que ahora los clásicos se reinterpretan (aunque tal vez ése sea el verdadero legado de un clásico auténtico) según la necesidad actual. Quiero decir: el piberío y los criptobros descubrieron a Marco Aurelio y ahora sus Meditaciones están entre los cinco libros más vendidos de la Argentina, dos mil años después, reinterpretadas como una guía para la vida en pos del estoicismo, y de cuán legítimo, o valioso, es que nos levantemos a las cinco de la mañana, tengamos una vida de abstinencia sexual o vayamos al gimnasio cuatro horas por día.
—Aristóteles y lo griego están muy vinculados a la amistad en relación a qué es filosofar: la conversación con el amigo hace avanzar las ideas. Sólo se puede pensar con los amigos porque son otros.
—Justamente Cicerón definía al amigo como “el otro yo”. No estoy hablando de bandas canceladas, por supuesto. Y Aristóteles, que fue discípulo de Platón, escribió en su libro Ética Nicomáquea, en los libros 8 y 9, toda su idea sobre la amistad. Él decía: “No se puede ser amigo de muchos”. Entonces hablaba no de la idea de la exclusividad sino de la simbiosis con un amigo: uno no puede ser parecido a mucha gente, no puede mantener esa relación de intimidad que tiene con un amigo con demasiadas personas. Pero tal vez el legado más importante de Aristóteles, al menos en esta área, es lo que él definió como los tres tipos de amistad, que se terminaron convirtiendo en una especie de canon. Me parece un buen punto de partida para estas conversaciones.
Los tipos eran la amistad útil, la amistad placentera y la amistad virtuosa. La amistad útil es la amistad construída a partir de una idea de utilidad o de utilitarismo, aunque eso no implica un acto mezquino. Yo soy amigo de tal persona porque… me junto a jugar a las cartas. O porque nos gusta venir a Varela Varelita. Soy amigo de un tipo porque los dos compartimos la pasión por Boca y pagamos a medias el codificado del fútbol. Y Aristóteles decía que éste es un tipo de amistad que se evidencia en la ancianidad, en la tercera edad: “Yo soy amigo tuyo porque los domingos vamos a jugar a las bochas”. Y nuestra amistad se circunscribe a eso, se reduce a eso y se extiende a eso también.
—Es una relación por conveniencia, en el mejor de los sentidos.
—Sí, es muy lindo pensarlo así. La idea de “me conviene ser amigo tuyo”. Porque uno a priori lo podría interpretar como que hay un interés mezquino detrás, pero tal vez se trate de valorar lo que el otro aporta a la vida de uno y lo que uno puede aportar a la vida del otro.
Después estaba la amistad placentera. Aristóteles decía que derivaba de lo sensitivo, de lo corporal. Podía incluir el sexo, pero tiene que ver con compartir actividades físicas, experiencias sensoriales, viajes o comidas, un montón de cosas epicúreas derivadas de la explotación de los sentidos. Y decía Aristóteles que es el tipo de amistad más presente en la juventud: cuando uno es amigo del otro para compartir una tarde en el río. Para ir a un recital o compartir una cerveza. Esa idea del placer está buena para pensar a los amigos: una sensualidad no erótica.
—¿Y el tercer tipo?
—La amistad virtuosa. El individuo cuando ya está completo. No es ni muy joven ni muy viejo… (hagamos el reduccionismo de hablar de hombre en término de humano, para no andar aclarando todo el tiempo). Cuando está en un punto de maduración la virtud del hombre al fin puede equiparar la tensión entre los placeres y los deberes. Cuando puede compartir no sólo acciones o funciones sino también pensamientos e ideas. En algunas traducciones estuve viendo que también le llaman amistad de carácter. Cuando uno encuentra un carácter parecido. Me gusta mucho la ambivalencia de la palabra porque carácter implica, en su definición básica, la suma de cualidades que hacen a una persona. Pero carácter también es personaje, así que me pregunto si no hacemos un personaje ante los amigos.
—Siempre hacemos un personaje.
—Sí, pero creo que sobre todo en los grupos de amigos eso se ve un poco más claro.
Con mi grupo más cercano de amigos tengo la costumbre de hacer todos los años un viaje. Puede ser modesto, a Mar del Plata, o a Europa. Surge de una propuesta que les hice hace unos años para renovar el stock de anécdotas. Porque hay un momento de la vida humana en el que todo lo que compartimos se reduce a la cena. La amistad se transforma en una rutina de juntarse a comer, y de juntarse a comer no surgen anécdotas nuevas, y no quiero seguir contando las aventuras de la secundaria. Una ocasión inmejorable para renovar el stock de anécdotas es salir de viaje. Para contar cuando pinchamos una goma en la Ruta 2 o cuando uno de nosotros se quedó en el andén y perdió el tren en Italia por distraído. Y en los grupos, volviendo a la idea del carácter, es donde más se ve esa puesta en juego del personaje. ¿Por qué, así como hay constelaciones familiares, no hay terapias de constelaciones de amigos?. ¡Una sesión donde pueda verse el papel que ocupa cada uno!
—Para contradecir al maestro, yo creo que hay una cuarta posibilidad entre las categorías, que es el amigo ausente: ¿uno no puede sostener amistades con gente que no conoce o está muerta?
—Creo que esa respuesta se va a dar en las próximas letras. Pero Aristóteles también tiene algo para decirnos sobre esto, aún a riesgo de sonar como el profesor Fantino: “Nadie elegiría vivir sin amigos, por más rica que fuera su vida en otros bienes”.
Amigos Míos – El abecedario de Nicolás Artusi
NICOLÁS ARTUSI repasa los lugares comunes y los sitios originales alrededor de la idea de la amistad tomando las palabras de Aristóteles, Mario Monicelli, Derrida, Montaigne y Amigacho.



